miércoles, 1 de enero de 2014

HOMENAJE A EDUARDO KINGMAN-CENTENARIO DE SU NATALICIO-SUBRAYANDO SU OBRA



PERFIL MATERNAL



Las manos con su arquitectura
de gacela tibia prenden el caudal de barro
para los débiles huesos del hijo.
La ternura con su espuma
sobrevive al ombligo de su olor lácteo
y dos potros arañan el eco del amor
que se hace eterno a la velocidad de los girasoles
que crujen sus vocales de sol

¿A dónde van los cuerpos que desgarran
la vulva en su curvatura?
¿En dónde se hacen fuego y crepúsculo?
En dónde, si no en la desnudez de la carne,
en las manos que con su envoltura tibia
deshielan las duras piedras
para temblar las estrellas

Bebiendo el néctar desde su médula
llenando de miel los nudillos
de la gigantesca mano
desgajando el almíbar de las estalactitas
el hijo mama el rumor de la sangre
en la cumbre estrellada de los pechos siameses
que hinchados de leche lo van haciendo árbol
y lo van creciendo pájaro
en sus lenguas de palmera y vuelo.

Los dedos deshojan la ternura
a tiempo de capullos
el amor con su eco eterno
es guante de luz para las manos de hierba
y el pintor desde su paleta alada de arcoiris
desenhebra su crisálida en mariposas de vida.


                     ¡….Y ruge!




OFRECIMIENTO





Te ofrezco el telar de la esperanza
con el beso vegetal de su manto de sol
con el rostro labrador de tierra
con las venas de hombre
con su brazo erguido de piel y siembra

Te ofrezco la lengua esculpiendo yaravíes
la saliva de los ríos que la van mojando
y el alba con su gesto brioso
que yergue su cuerpo de relámpago
en la silueta de una flor

Te ofrezco el caminar de la esperanza
en el vértice frutal de hombre y semilla
el colibrí en el filamento de su vuelo
espoleando su caudal de néctar
emergiendo la vida con su esfera de sol

Te ofrezco la brújula del hombre
extendida hacia los cuatro puntos cardinales
con su caravana de cerros en campanas
con sus saetas de pinos y cebada

¡Ofrenda singular la de los Andes
su fábula de pétalos,
el pestañeo del viento galopando
sobre la bulla de pájaros que anidan
su beso en el ombligo de una rosa!





LA HORA OSCURA


      


      El hombre fue todos los hombres
en el leño universal que increparon
las marcas azuladas de su espalda.

Siete leguas de dolor vieron su soledad
¡Hijo de dios, padre del hijo y espíritu santo!

¡Judío, dijéronle!
Mientras ataban sus manos de ocaso al sol
clavándolas en un madero izquierdo
y fueron sus manos libres a pesar de los cordones.

¡Negro, dijéronle!
Mientras el látigo cruzaba sus espuelas en la espalda

¡Cholo, dijéronle!
Y mil calaveras aguardaban su cintura de maíz y poncho

¡Clavos lloró el indio desde sus pestañas!
¡Gritos lloró el indio desde su silencio!

¿Dónde están los rostros con sus manos de arado?
¿Dónde los mitimaes con sus hombros de sol?
¿Qué será de la carne de las guaguas
en esta hora oscura y larga?

¡Pacha mama -la noche me llama-
yo obedezco pacha mama!
¡Voy naciendo pacha mama!
¡Derribando su rabia voy naciendo!
Se desnuda en mi cuerpo un telar de sangre
y fecundo tu maíz, pacha mama, con mis rostros tristes

¡De pie pacha mama, de pie muriendo!
¡De pie pacha mama, de pie naciendo!
¡En tu útero, pacha mama, en tu útero voy viviendo;
indomable como el germen de los cóndores,
fértil como el estambre de las cordilleras!
¡Con mis dos manos izquierdas bebiendo de tus pechos!





LA SED


    


¿Qué he de hacer con esta sed tan vieja,
tan de fuego y arcilla, tan viuda de danzantes?
¿Qué he de hacer para reconocerme
en el florecimiento de las whipalas
encarceladas en las selvas de piedra
descalzando su ruido flaco
en la coagulación de las lágrimas
agolpadas en las alforjas?


¡De barro nací y en barro me convertiré!
Así grita la uña descalza de los dioses
¡Ah, nuestra memoria!
Su maíz amarillo, su luna blanca;
con sus tropeles de dioses extraviados
ha roto su cántaro de ocarinas,
deshidratada está bajo el sol ¡ Y la sed que avanza
chorreando sus cenizas en  mi poncho!

Me filtro en la tierra como una gota de agua
me siembro y renazco insaciable
en el silbido nostálgico de una vasija de barro
con la robusta soledad de mi árbol,
una hoja húmeda con su pluma de aire
llama al invierno con su destrozo de lluvia
¡Heme entonces clavando la esperanza
en el delicado sombrero del alba!




LOS GUANDOS






La sierra candente de cóndores y sombreros
tuvo su grito en la testarudez del hombre
bultos-sepulturas que sobre los hombros
apagaron el vuelo del colibrí en los ponchos
¿Dónde escondieron la canela?
-Sino en mortajas de oro despeñadas-
¡En su mama llacta ajena y ancha!

¡Este hombre de maíz en las callejas de los Andes
sembró surcos y espigas con sus sandalias
para volver y sujetarse al alba!

¿De qué color nos arrancaron las raíces?
De sombra y luz, de pesados pasos
De un látigo haciendo cicatrices
con fronteras de mapas solitarios…cabalgando
ponchos de muerte en el lomo de las bestias,
en la espalda de los cholos los alientos rotos 
¡Y en la uña de mi origen un dios crucificado!





EL CARBONERO




Hacia tus  ojos brota un viento helado
un cometa que en  tus manos deshila
el negro tizne del carbón que llaga
mientras un embarazo de luz descansa en tus costales
como quien de picotazos el graznido del tiempo
hinca en brochazos de  pie, de piel, de camino.

Y va tu horizonte saltando en la textura de  una mirada
con tus miembros bullendo detrás de la esperanza
que por andar pesada trunca sus alas en sudores
sumergiendo los músculos en humedades minerales.
Sudor, sal, gotas de sangre transparentes,
zumban las abejas su aletear de barro
en los huesos de árbol exhumados

¡Qué equipaje tan pesado llevas!
Un sombrero con tizne de sol y pensamiento
un manto en el hombro del cansancio
y las partículas del amor arrumadas.
Escrito está que llevas la vida guardándose
para prenderse en espíritus fantasmas
que rasgan la piel por volar ligero
y se aprietan en  el bullir de la sangre.




Eduardo Kingman Riofrío.

Pinturas: Obras de Eduardo Kingman Riofrío.


ESTATURA DE TIEMPO Y CONVERGENCIA-2009











LUNA DE TAMBORES





El candombe moreno de mi latido
en la pechera blanca de tus andamios,
tiene la pena negra, negra la pena,
corta la cuerda y desnuda tiembla
Porque tan solo el diminuto mar,
donde el amargo trópico no alcanza,
bebe la lengua azul del fauno río,
en tamboril queja, negra de arena
Tengo la negra pena en sudor sin fruto,
y un cuerpo, con la doble vertiente de tambores,
viento de arena queja, negra la arena,
como pieza de seda, la noche negra.





QUEJA DE UNA TRISTE QUENA





El ave queda quieta, silenciosa, muda...
a veces olvida, olvida que respira,
huérfana quena de los ojos llanos,
cordillera amante absorbida de humus.
Por el camino del Inca, como camisa de fuerza.
en anacos de alto cerro, exiliada en su embriaguez.
extravía a golpe sordo lo proscrito en finas sedas,
en la esquizoide absurda de encarnizados vientos.
No es más que una alondra de estructura amorfa,
como caña inmadura, un trago roto humeando.
No es más que un eco de distancias turbias,
una raíz multiforme en vida




MUJER
 pintura de Oswaldo Guayasamín
Me miro, me creo y me recreo
                           Soy mujer
no por mi condición de parir
no por mi condición de amamantar
                           Soy mujer
por mi condición de rugir como leona
y acunar tu ser en la ternura de paloma
Me miro y me admiro
                            Soy mujer
Por fecundar el fruto de la tierra cobriza
Por parir mis sueños en la espalda del río
Por verter fuego y alondras a mis críos
Por el hecho de transgredir mi vida
a la libertad de la vida tuya
Soy mujer
por el hecho de parar la guerra
en la trinchera de la inmisericorde pobreza
con un trozo del alma mía,
con unos ojos que llueven ternura
Soy mujer…
por el hecho de desatar tus sandalias,
porque llevo la insignia de mi guerra
prendida en la antorcha solidaria
con mis pechos al aire,
con mis manos cual molino de trigo
emergiendo la savia, flor que renace
a la luz de la verdad y la justicia
Soy mujer…
Porque se armonizar el sonido
               de las ollas huecas
Porque se llorar con la pena tuya
Porque enjugo tu rostro cuando caes
Porque muero al pie de tu cruz
y extiendo las alas que cubrirán tu frío
Porque me miro, me recreo y me creo
                           Que soy mujer !!!



HOMBRE DE BRONCE

pintura de Oswaldo Guayasamín. "El clamor inmemorial"



Una como costumbre me acompaña
Llámese escarabajo de tiempo
Hombre made in Taiwán
Gran hermano, cirugía subdesarrollada.

Y me basta este espasmo de sangre usual
para morir por repetidas suertes.
¡Muerte tartamuda, inquisición humana
disfrazada en la intemperie de mi amnesia.

Bajo un epitafio de algodón de piedra
la ira en nuestra piel descansa,
y un septiembre de llanto nos invade
con su Guantánamo flagelado,
desacostumbrando amasijos de paz
por tambores de sangre en suplicio vago.


No sé si quedarme con Laura,
o victimar mi insurgencia indigna.
Pero algo hay que hacer… amor
en el manantial de estrella vacía
que torna ráfagas de dolor ceniza.

-Algo hay que hacer amor-
Mientras un cigarro importado
consume el último hálito de mis labios
un incendio inicial de esperanza
se queja, llora y queda trunco…

ROSTROS



“¿CUÁNTO DE LO QUE SE SIENTE YACE EN  UNO MISMO?”






Los poetas hablan de los pájaros, yo los miro. Los miro hasta que mi pensamiento se aprieta al silencio. Y ellos convirtiendo su cuerpo en puntos, silenciosos sí, como todos los puntos donde empiezan y donde se adormitan las distancias.

Desde un banco de la plaza descubro el pedazo de cielo lleno de puntos, y el olor a hierba fresca recién cortada. Es una tarde alegre, así se suele describir a las tardes con sus ocasos de luz roja, de bullicio, de olores. Mejor dicho, imagino que es una tarde alegre y añoro mis tardes tristes. Pienso en Simone cuando dice: “El mundo se crea bajo mis ojos en un eterno presente; me habitúo tan rápidamente a sus rostros que no me parece que cambien”… rostros como gemelos, tan parecidas sus narices y sus frentes; tan ungidos de estancias, tan nacidos del mismo origen, del mismo conducto umbilical.

Y esta tormenta que protesta dentro de mí, clavada en la garganta no encuentra los otros rostros, o las otras orejas donde clavar las palabras, o las bocas que nos dejaron esas tristezas dulces, esas tristezas que extraño, capaces de ensuciar la pulcritud de estos jirones de felicidad.

Y no hablo de amores, hablo de utopías, aunque el amor es desde siempre una utopía, mas hablo de la encarnación de la tristeza regocijada en la voluntad de andar, de encontrar un domingo con sus diez o veinte años de sudores vistiendo de estallidos sus hélices de fuego. Hablo de destrenzar la garganta sin miedos, sin la cobardía de gustar de estas tardes iguales, de esos puntos clandestinos donde se escapan mis ojos. De esta forma de egoísmo que reclama mis tardes tristes en celofán de metáforas.

Fácil es decir, bruscamente he cambiado, de todas las maneras, llamándome con otro nombre, con otro rostro, o llamando hambre de justicia a mi crisis de nervios, guardando el chantaje de la pena en los bolsillos para sacarlo a flote en la fiebre de mi aterrador aburrimiento.

No se trata de  habituarme a la fiesta del árbol, ni al pío, pío de la costumbre dulce, ni a degollar niños, ni a pelearme con la vida; a pesar de mi  dolorosa cólera inmóvil, violentamente callada, miedosamente molesta.  Definitivamente se trata de aniquilar la sed, limpiar el gusto nauseabundo de la miseria instalada en la cerradura de los cuerpos, de no flaquear sobre las carnes roídas por la mentira o desahucio de la esencia vital o, a lo mejor se trata de que no me duelan las pequeñeces de mis muertes.


Y por aquí estamos, debajo de los puentes, o desde la banquita de un parque, pretendiendo multiplicar el espíritu dionisiaco de los pájaros, desde este lugar o desde el otro lugar, donde el absurdo exige el mismo rostro, inicio mi paseo, como ese punto que fue pájaro, mas Apolo me sobreviene con su armonía dolorosa, con toda la fuerza de mi egoísmo natural que pesa como zapatos de hierro, y es que a pesar de los pesares… “Soy un viajero errante y un escalador de montañas, lo que finalmente vuelve a mí, es mi propio ser”









Tengo rostro de pez frente al espejo
Ligero, agrietado en sus escamas
Impenetrable mar el rostro que refleja
Ese otro que me mira desde adentro
Con la ilusoria forma de ser cierta
La mitad de la certeza con que quiebra
la soledad de los espejos.










Esa mueca que triza mi rostro
Tiene la costumbre de oprimir al dolor
Quizá sea sólo un verbo silenciado
O un simple miedo con su miedo
Clavado entre mis ojos












En el centro de mi ojo oscurecido
Se miran interminablemente los ojos tuyos
Y es un misterio el parpadeo sigiloso
Que en la luz quebrada de un segundo
puebla de ardor la mirada esclava.










Cuando una lágrima cae desde el abedul de un ojo
Sobre las máscaras invisibles de los rostros
Una nariz desaliñada e indulgente la acompaña
Entonces ella se desvanece entre los labios
Como un rocío, como una dulce manera de existir.





                                                    Imagen:  Obra del artistaGuan Weixing 



Rostro de rasgos infinitos

De vigas antiguas
Ojos que se van
Se van como los ríos atravesando al sol
Por la explanada de su germen
Echando raíces como los hombres
En la vigilia paternal de los ocasos
/Y respira /

respira con su tozudez de pájaro.












Sin pregonar la niñez que me ronda
Sin tener que contar los alfileres de mi cráneo
Sin una brújula hacia donde girar la mirada
Aunque mis ojos se enciendan por todo lado
En un silencio furioso sobre esta tierra enorme
Nazco lentamente, abruptamente
hasta extinguir mi inocencia.